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Diagrama de tiempo o yo soy la medida, Premio Beca V Bienal de Artes Plásticas y Visuales de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, es una obra creada para la sala número 3 de la sede de esta fundación, que cada dos años convoca a artistas a proponer un proyecto en relación a su historia y la de sus espacios arquitectónicos.

Mediante un llamado a ciertas relaciones entre cuerpo y lugar, esta propuesta performativa  e instalativa se originó con el propósito de habitar el espacio. En la obra, la percepción de los fenómenos del lugar, y la acción de medición del cuerpo de la propia artista sobre el espacio, se tejen junto a la reflexión respecto a los cuerpos de las mujeres que lo habitaron originalmente, hacia finales del siglo XVIII.

 
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La obra se compone de un libro de trabajo que recoge textos e imágenes sobre la investigación realizada, así como los percepciones y pensamientos de la artista a modo de diario; un audio de 42 minutos de duración que contiene la voz de la artista y la escritora feminista Juliana Borrero, sobre la lectura de un texto elaborado para el proyecto; por último, una acción de 36 horas distribuidas a lo largo de 8 días continuos, consistente en la acumulación de pequeñas marcas de cinta sobre muros, columnas y piso de la sala, en relación a las distintas medidas de su cuerpo en quietud y movimiento.

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A través de la exploración realizada por la artista una conclusión puede ser expresada: tal y como lo afirma la historiadora colombiana Suzy Bermúdez, al observar la posición o el lugar que ocupan los cuerpos en la cartografía social, se devela la continuidad de algunos fenómenos que parecen estar sobre-escritos en ellos – en los cuerpos. Por tanto, preguntarnos por las condiciones de vida que tuvo y que hoy tiene el grupo de las mujeres no es posible de responder, pues dicho grupo no existe per se, más bien estas condiciones dependen y han dependido históricamente de la posición de la/os individuos en la cartografía mencionada. En otras palabras, ser negra, ser mestiza, ser blanca, ser indígena, ser adulta, ser anciana, ser niña, ser homosexual, ser bisexual, provenir de la elite, provenir de la clase obrera, provenir de la clase rural, etc. – son lugares de existencia que han permeado desde siempre la experiencia de esa otra estigmatización – ser “mujer”, y en cada caso tales discriminaciones permiten rangos de posición entre el privilegio y la vulnerabilidad, desde la colonia hasta hoy.